Imagine esta situación (que tal vez ya haya vivido): ha pasado varias entrevistas laborales dentro de un proceso de selección de personal, le dicen que es una gran candidata, o candidato, llega a la fase final del proceso y entonces recibe un mensaje (si es que lo recibe): “Lo sentimos, finalmente hemos seleccionado a otra persona”. Ante esta situación, ¿cómo reacciona?
El impacto del rechazo laboral
La psicología organizacional, que estudia y evalúa la dinámica individual, grupal y organizacional en el lugar del trabajo, pone de manifiesto el impacto emocional de los procesos de selección y del rechazo profesional. Y los relaciona con conceptos como autoeficacia, adaptabilidad de carrera y agencia profesional (agentic behavior), es decir, la capacidad de seguir actuando con dirección y confianza incluso después de sufrir experiencias de rechazo laboral.
A ello se suma una variable menos visible, pero fundamental: el locus de control, que describe cómo las personas atribuyen los resultados de su vida a factores internos (esfuerzo, decisiones, competencias) o externos (contexto, azar, decisiones de terceros). Tras un rechazo laboral, esta atribución se vuelve especialmente relevante. Un sesgo excesivamente externo puede erosionar la motivación futura al generar sensación de impotencia, mientras que una atribución rígidamente interna puede derivar en autoinculparse injustificadamente. Los perfiles más adaptativos suelen integrar ambas dimensiones, reconociendo el peso del contexto sin renunciar a la posibilidad de acción.
Por otro lado, la búsqueda de empleo prolongada también tiene efectos psicológicos relevantes. Una encuesta reciente, realizada a 5 000 personas desempleadas en EEUU, mostró que solo el 23 % mantenía una motivación constante durante la búsqueda laboral, mientras que uno de cada cuatro afirmaba sentirse desesperanzado en ocasiones y un porcentaje similar declaraba sentirse estresado o abrumado por el rechazo.
¿Cómo reaccionamos?
La mejor respuesta a la pregunta anterior no es negar la situación, sino afrontarla. Ese proceso puede ser guiado a la luz de varios marcos conceptuales complementarios:
Ecuánimes y estables
A estos factores podemos añadir otro, menos visible pero especialmente relevante en contextos de rechazo: la ecuanimidad. Se define como una disposición de no reactividad emocional y estabilidad mental ante experiencias agradables o desagradables.
En el contexto del rechazo laboral, la ecuanimidad no implica indiferencia sino la posibilidad de sostener una posición interna que permita observar la experiencia sin quedar completamente definida por ella. Así se evitan tanto las reacciones inmediatas como la identificación total con el resultado negativo.
Empleabilidad y adaptación
Un análisis exploratorio de coocurrencia de términos (la frecuencia con la que pares de palabras o conceptos aparecen juntos en un párrafo, un documento o una frase) muestra cómo la investigación reciente conecta cada vez más términos como empleabilidad, adaptabilidad profesional y búsqueda de empleo con conceptos como resiliencia, capital psicológico, inteligencia emocional, empoderamiento y autoeficacia, entre otros.
Los principales grupos temáticos identificados en el mapa muestran tres grandes líneas:
Dirección, criterio y confianza
Más allá de los resultados técnicos del mapa, lo relevante es el desplazamiento del foco desde la inserción laboral –como evento puntual– hacia la capacidad de adaptación psicológica y profesional en entornos laborales inciertos.
Después de un proceso de selección fallido, lo más importante no es “mantenerse positivo” sino conservar la capacidad de seguir actuando con dirección, criterio y confianza profesional. Porque el verdadero desafío del rechazo laboral no es solo lo que ocurre cuando llega el “no”, sino lo que ese “no” empieza a significar con el tiempo.
No es casual que el filósofo alemán Johann Wolfgang von Goethe escribiese:
“El talento se cultiva en la soledad; el carácter, en el torrente del mundo”.
Fuente:
The conversation
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