Hace ya seis años que la pandemia transformó profundamente y a nivel mundial la forma de trabajar de muchas personas. Con la expansión del teletrabajo y los entornos híbridos, las dinámicas sociales dentro de las organizaciones cambiaron y las relaciones interpersonales se debilitaron.
Si sabemos que la conexión social y el sentido de pertenencia en los equipos de trabajo son una fuente de bienestar social para las personas, inevitablemente surge la pregunta: ¿cómo fortalecer el bienestar de los equipos pese a este nuevo modelo de trabajo?
Investigadores de la Universidad de Navarra, la Universidad de La Sabana, la Universidad de Harvard y la Universidad de Castilla-La Mancha proponemos una respuesta clara: un propósito organizativo fuerte puede ser un motor para el bienestar social en el trabajo.
Una fuerza viva
El propósito organizativo es la herramienta de cohesión generada por las organizaciones a partir de su identidad y de aquellos valores que considera significativos.
Un propósito organizativo fuerte es una guía para las acciones diarias de los miembros de la organización. Se caracteriza por tener tres rasgos esenciales:
Cuando estos tres elementos se alinean, el propósito deja de ser un discurso abstracto y se convierte en una palanca de cohesión capaz de unir equipos, incluso en entornos híbridos o remotos.
Cada vez más organizaciones están trabajando para trasladar su propósito a su cultura y prácticas diarias. Por ejemplo, ISS una de las empresas líderes de facility management define su propósito como “conectar personas y lugares para contribuir a un mundo mejor” y lo refleja en una cultura organizativa centrada en el trabajo inclusivo.
Del propósito al bienestar social como resultado
Los equipos en los que el propósito está más arraigado tienden a mostrar niveles más altos de colaboración y sentido de pertenencia, dos pilares básicos del bienestar de las personas. De hecho, el sentido de pertenencia fortalece los lazos interpersonales y el compromiso colectivo, y hace de puente entre el propósito de la organización y la colaboración de los trabajadores.
Además, el propósito se vuelve especialmente relevante en contextos donde otros mecanismos de cohesión social, como las interacciones interpersonales, son más difíciles. Por ejemplo, en grupos grandes o con distintas ubicaciones físicas.
Esta relación se hace más importante en el entorno laboral actual, donde el vínculo tradicional del espacio físico se ha debilitado. Así, el propósito ofrece una nueva forma de conexión. Más allá de “trabajar juntos”, se trata de “trabajar por algo (el propósito) que nos une”.
Autonomía, competencia y relaciones interpersonales
La existencia de un propósito organizativo promueve el sentido de pertenencia porque satisface tres necesidades psicológicas básicas: autonomía, competencia y relación.
Si los valores personales coinciden con los de la organización, el propósito se percibe como verdaderamente significativo, alimentando el “nosotros” y reforzando la identificación con la empresa.
Generar bienestar a través del propósito
Traducir el propósito de la organización en bienestar para las personas exige que haya:
Humanizar la productividad
El bienestar de los trabajadores, una responsabilidad ética de las organizaciones, fortalece la cultura organizativa y la hace más sólida y resiliente.
Un propósito organizativo fuerte no solo impulsa el rendimiento, sino que humaniza la productividad. Los equipos que lo viven experimentan sentido de pertenencia, colaboración y bienestar social, transformando su trabajo en un espacio donde las personas realmente quieren estar, crecer y aportar.
Fuente:
theconversation.com
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